Opinión pública y opinión publicada en Cuenca
Juan Andrés Buedo García - 10-08-2005 14:15:08 | Categoria: General
Una concisa crítica de la Prensa escrita de esta CiudadDos breves causas han motivado el título de esta bitácora que pongo en el círculo de los interesados por la política conquense. De una parte, una esperanza frustrada: la de los Independientes por Cuenca, que en la primera página de su web afirma hoy (9 de agosto de 2005) rectificar la falsa esperanza que les dio ese periodista inefable que, al servicio de su dueño, trabaja de director adjunto en El Día de Cuenca y que ha sido una de las personas aporreadoras, con su censura, de la causa de la libertad democrática en Cuenca. Por otro lado, está la lección que nos transmite a todos los estudiosos de la comunicación el profesor Juan Francisco Escobedo, en su trabajo Espacio público y cambio político, que directamente recomiendo a Javier Semprún, quien después de casi veinte años de dedicación a esta profesión no sabe aún que la democratización de estas tierras necesita de votos y voces libres, pero no autistas.
El espacio público no alude a la institucionalización de un espacio físico, institucional o a determinados formatos, para expresar opiniones tributarias del poder público. El espacio público es una frecuencia social abierta a la que concurren todas las voces con cierta capacidad de gestionar sus temas e intereses, siempre en relación con las acciones, políticas y decisiones de los poderes del Estado, afirma literalmente el aludido profesor. Por esto mismo, el dueño de El Día y CNC y su convicta redaccción han de entender que resulta necesario alentar la expresión pujante de espacios públicos periféricos, enriquecidos con las voces y opiniones de los ciudadanos y actores sociales que a su vez se articulan con los actores sociales líderes de cada espacio, como: las organizaciones sociales, las organizaciones no gubernamentales, los sindicatos, las asociaciones de vecinos, de trabajadores agrícolas, los centros de estudios, las iglesias, etcétera. Y si, además, los actores sociales gestionan con eficacia y contundencia sus temas e intereses en el espacio público central, la opinión pública no será siempre homologable a la opinión pública oficial y el espacio público no se convertirá en el foro de rendición de tributos y alegorías a los poderes del Estado, o mejor, en el caso al que se alude, de los dirigentes del partido político que ostenta la gobernanza -mala, muy mala- de Cuenca y la Comunidad autónoma castellano-manchega, cada día más a la zaga y más distante de las nuevas estructuras de la Sociedad de la Información.
En Cuenca, al final, se ha impuesto “la dictadura de la opinión publicada”. Un hecho que me traslada a Giovanni Sartori, ese abuelete que, aparte de libros caros, también se ha pasado la vida elaborando sesudos estudios de ciencia política que hoy día ocupan un lugar muy importante en la disciplina. Y cuyo "Manual de uso de la democracia" deberían leer Santiago Mateo y Javier Semprún, cada vez que se acercan a la muchachería del PSOE a estrechar la mano para poner la saca (si no directamente, sí por la puerta sórdida de las subvenciones y..., lo que salga).
La credibilidad que obtiene el informador no es un don genético, sino una cualidad que entrega el público a la fuente. La credibilidad es cedida; el alumno la otorga al profesor, el soldado al sargento, y el televidente al informador, o sea que nadie la posee per se, como escribió Juan Manuel Rodríguez en la Revista Lationoamericana de Comunicación. Esto significa que, como puntualiza ese autor, la noticia no da cuenta de la percepción sino del hecho en cuanto conocido, entendido, comprendido e interpretado por el informador, finalmente codificado por él. Los actos posteriores a la percepción darán cuenta y aportarán las pruebas suficientes para que la información sea clara, exacta y plural, y para que posea la suficiente transparencia referencial.
La intención del periodista conforma su honestidad cuando emite la información; y su intención al percibir lo convierte no en un espectador de sucesos sino en un observador testigo, a sabiendas de que la observación no es casual, es una percepción dirigida hacia un fin, o sea, percepción intencionada. Y, amigos conquenses, ¿está ocurriendo esto en Cuenca? Para mí, no; y tiene de ello un culpable: el adjunto director de El Día.
Bill Kovach y Tom Rosenstiel son dos periodistas y destacados expertos en comunicación que se han dedicado durante el último lustro a plantearse varias de esas cuestiones. Han conversado con cientos de colegas, lectores, empresarios, anunciantes y ciudadanos del común, recogiendo opiniones, impulsando debates y tratando de averiguar, en medio de la polémica, cuáles serían los elementos del periodismo, la materia prima fundamental que, como el fuego, el agua y la tierra para los antiguos, nuclea los fundamentos de la existencia de esa profesión. Su experiencia, recogida en su libro Los elementos del periodismo, pone de relieve que el periodismo de hoy, incluidas las transformaciones que Internet propicia, sigue teniendo unos principios básicos que lo identifican como profesión. Apartarse de ellos es desertar de la propia condición de periodistas.
Estas normas están recogidas en un decálogo de nueve puntos que no me resisto a reproducir aquí y quiero aconsejar su lectura a los publicadores de la opinión conquense: '1. La primera obligación del periodismo es la verdad. 2. Su primera lealtad es hacia los ciudadanos. 3. Su esencia es la disciplina de la verificación. 4. Sus profesionales deben ser independientes de los hechos y personas sobre las que informan. 5. Debe servir como un vigilante independiente del poder. 6. Debe otorgar tribuna a las críticas públicas y al compromiso. 7. Ha de esforzarse en hacer de lo importante algo interesante y oportuno. 8. Debe seguir las noticias de forma a la vez exhaustiva y proporcionada. 9. Sus profesionales deben tener derecho a ejercer lo que les dicta su conciencia'.
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La situación de la prensa local, sobre todo de la prensa, aunque otros medios - televisión local, Tv CLM y alguna radio - no puede ser más rastrera. Siguiendo las actuaciones de nuestros próceres locales, da verdadera lástima comprobar cómo se pueden violar todas las normas éticas de unos personajes que se arrogan la virtud del talante y el don del diálogo. Si a eso le sumamos el impresentable comportamiento de algunos conocidos ¿periodistas? que,desgraciadamente, controlan la opinión , el coctel no tiene otro calificativo que el de nauseabundo.
Esta ciudad apesta a nepotismo y corrupción. Sólo las páginas como ésta y otras que están apareciendo en la red, pueden acabar con la política de desinformación sistematizada a la que estamos sometidos.
Por eso le animo a seguir construyendo esta página.
un saludoComentario de padilla hace 4 años y 52 meses
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Cuenca tiene un partido político que defiende sus intereses. Teruel tiene una plataforma ciudadana. ¿Quien tiene que aprender de quien?.
Esto ya es el colmo. Los medios de comunicación que, en el mejor de los casos, muestran escaso interés por las propuestas de Independientes por Cuenca, el tercer partido de Cuenca. Esos medios de comunicación que niegan a Independientes el derecho a comunicarse con los ciudadanos.
Esos mismos medios se permiten ceder sus páginas para que la plataforma " Teruel existe" venga a insultar a los conquenses diciendo que la movilización ciudadana ha decaído en Cuenca.
No solo no ha decaído, sino que Cuenca tiene lo que a Teruel le falta, un partido de verdad, con representación institucional, para defender los intereses de esta tierra.
Las líneas anteriores, publicadas en la bitácora “Lo que los conquenses deben saber” –del partido de “los independientes” por Cuenca- el pasado día 17 de octubre, corrobora el signo central de la mía, a la que tengo muy abandonada (a consecuencia de la múltiple actividad investigadora y docente a la que me dedico), y por esto mismo, para darle la razón a IxC y renovar mi mensaje, traigo la petición de enterar a los Mateo/Semprún que nunca conseguirán generar una ilusión de la realidad conquense. Así se pone de manifiesto en las páginas 68 y siguientes de mi último libro: Cuenca 2005. Un recorrido sociológico por la Ciudad.
Ciertamente demuestro ahí el refuerzo transparente de las interrelaciones producidas entre la ciudad y la política. Alrededor de este tema además hay otra serie de cuestiones que no podemos dejar a un lado, según recoge Juan Pablo Palladino en la Revista Teína: “La urbe es antes que nada una comunidad con lazos sociales y políticos. Fuente de conflictos y forma de encontrarles solución, la política se ve trastocada como actividad por la lógica mediática. El peso de la imagen televisiva obliga al poder político a adaptar sus formas a la carrera por la audiencia”. Discurre Palladino que la base de la vida política de la ciudad es sobre todo la gente que la habita, las relaciones intercomunales, y no sólo el entramado edilicio -la forma física- con que se tiende a pensar el término. Sin duda, la gente vive en la ciudad, la construye física e imaginariamente, sueña a partir de ella, planifica sus vidas y les da sentido (o decide alejarse hacia otros rumbos) y lo hace ineluctablemente en un marco de interacción social; es decir, con las otras personas con las que convive. Por tanto, se trata del lugar donde se da la existencia misma individual y colectiva.
En tanto lugar donde se contiene y al que se ciñe la sociedad, la ciudad puede y debe ser pensada en términos de su dimensión política; esto es, como lugar donde las fuerzas sociales pugnan a través de unos redefinidos o preestablecidos usos y experiencias (no necesariamente partidarias) por el desarrollo de sus intereses. Al mismo tiempo, construye el medio donde la sociedad levanta el entendimiento público, dotando de significados la realidad social. La inquietud surge cuando se repara en que lo real es desplazado por lo virtual, instantes donde se ven momentos en que lo mediático influye determinadamente en la dimensión política de la comunidad. Así lo centra Jesús Martín Barbero en el caso concreto de la televisión que, dentro de su rol de mediadora, “transforma en espectáculo de sí mismo la teatralidad callejera” de la política, que es consumida ahora por la gente desde el sillón de sus casas. Esto revela una suerte de emborrachamiento entre lo privado y lo público donde los límites no están para nada definidos. Y el espacio doméstico se transforma en espacio virtual donde, como indicara Paul Virilo, “todo llega sin que haya que partir”.
Luego los medios determinan qué es y qué no es un acontecimiento. Así, una manifestación en la Plaza de España, ámbito habitual del descontento, las demandas o las protestas públicas en Cuenca, es acontecimiento sólo si la presencia de una cámara la eleva al nivel de tal; de lo contrario no existe. Esto significa que la televisión, en su posibilidad de registro y transmisión en tiempo real y directo, genera la ilusión de realidad: “El tiempo real anula la distancia espacial [...] Veo como si estuviera allí”, señala la socióloga Beatriz Sarlo, para quien “hoy la política es en la medida en que sea televisión” y las formas directas de política se hacen más complejas y dificultosas.
Pero lo evidente y tangible, quiera o no esa televisión, es que los problemas de la ciudad subsisten -además se agravan, si no se les pone solución- y las cámaras no pueden llegar nunca a exhibir todos los temas noticiosos. Puede que graven estos, pero luego sólo enuncian una parte de ellos y hasta, incluso, ni lo emiten después por motivos varios, que van desde el tiempo hasta la importancia relativa otorgada por la redacción del medio, etc. Y, sin embargo, como dijo Jordi Borja en el Fórum Universal de la Culturas – Barcelona 2004, de la ciudad se espera una respuesta, puesto que la ciudad es el espacio de la acción colectiva, del cambio visible, del horizonte próximo: “El refugio más inmediato de la política democrática, la simetría del conflicto social, la expresión de los valores contradictorios o cohesionadores, la accesibilidad y la materialidad de las formas, el espacio de la innovación cultural, la manifestación de las diferencias, la confrontación y la cooperación con «el otro»”.
Comentario de jabuedo hace 4 años y 50 meses
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Un saludoComentario de José Luis hace 4 años y 50 meses
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toda, toda la región vive en el silencio. volveré
Comentario de anónimo afectado hace 3 años y 43 meses